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El reto de la comunicación

Cuánto más profundizo en mi trabajo como consultora en empresas, mayor es la toma de conciencia sobre las grandes lagunas que existen en nuestras organizaciones. Lagunas como trabajo en equipo, cooperación, innovación, falta de fortaleza en quienes lideran, falta de cuestionamiento y de estrategia, falta de motivación en los equipos, resistencia al cambio, miedos, rivalidades, internacionalización… Sin embargo, me asombra observar que, independientemente de las lagunas, siempre hay una causa común a todas ellas: fallos en la comunicación.

Todo el mundo habla hoy sobre comunicación, sobre cómo comunicar y hacerlo eficazmente. Toda directiva y directivo sabe que la comunicación es un pilar básico en la empresa y que su función como líder va a estar condicionada por su manera de comunicar, su capacidad de escuchar, su habilidad para ver realmente al otro y no interpretarlo. Es decir, no imaginar lo que el otro piensa y siente sin confirmarlo. Entonces, ¿por qué no lo hacemos? y ¿por qué nos cuesta ponerlo en práctica?

No sé si existe una respuesta estándar a todas estas preguntas, pero si sé que hay miles de excusas y resistencias que toman forma de frases como: no tengo tiempo, conozco perfectamente a mi equipo y sé lo que piensan, tengo que estar siempre encima, está todo por escrito, al final lo que importa son los resultados…

El tiempo es la excusa por excelencia. Sin embargo, ¿cuánto tiempo nos ahorraríamos si invirtiésemos unos minutos en cuestionarnos nuestras maneras de ver, pensar y comunicar?

También comunicamos cuando nuestra puerta está cerrada, cuando no miramos a los ojos de nuestro interlocutor, cuando no tenemos en cuenta al otro en nuestra conversación, cuando sentenciamos y negamos los matices. Comunicamos con nuestro cuerpo, comunicamos con nuestras previsiones fatalistas, con frases losa del tipo “esto ya se hizo y no funcionó”. Comunicamos constantemente, en todo momento.

El pensamiento, los sentimientos e incluso las emociones se manifiestan a través del lenguaje verbal y no verbal. El pensamiento lo creamos a través de nuestras experiencias, hechos e interpretaciones que hacemos de la realidad. Cuando la comunicación real está ausente en nuestras organizaciones, es más que probable que nuestro mapa de la empresa esté sesgado o no sea del todo certero; es decir, la opinión que tengo de las personas, relaciones, equipos de trabajo, etc. posiblemente esté basada más en interpretaciones que en realidades.

Por ejemplo:

  • ¿Sabes qué es lo que realmente motiva a tus equipos?

  • ¿Conoces de verdad lo que las personas de tu equipo opinan del trabajo que desempeñas?

  • ¿Sabes cómo se sienten ante diferentes retos?

  • ¿Qué piensan que es lo que mejor haces como líder?

  • ¿Qué piensan que es lo que peor haces?

  • ¿Gestionas adecuadamente los conflictos: los propios y los de tu equipo?

Te invito a que vayas más allá de contestar SI o NO, e intentes argumentar apoyándote en hechos concretos que verifiquen tu respuesta.

Quizá seas un excelente líder, no lo dudo, pero

  • ¿qué porcentaje de tus respuestas son fruto de tus propios análisis, de tus propias e increíbles interpretaciones de la realidad?

  • ¿qué porcentaje de tus respuestas están condicionadas por tus miedos, por tu forma de ver y vivir la vida?

Es decir,

  • ¿qué porcentaje de tus respuestas están basados en hechos que han sido comunicados de una forma clara, concisa, precisa y transparente?

  • ¿Tienes evidencias reales y objetivas para todas tus respuestas?

Comunicar es mucho más que decir cosas, comunicar es la aventura de buscar información e interaccionar con las personas para crear un mapa real de la empresa.

Comunicar es ser transparente y tener la capacidad de confrontar y reforzar al otro en busca de lo mejor para él o ella y, en consecuencia, lo mejor para tu empresa.

Abre los ojos y observa, escucha y siente. Cuando seas capaz de salir de tu mundo y veas al otro, la comunicación fluirá.

Uxue Ibarrola

Socia-Consultora de Assentire Consulting y Profesora del Master en Project Management (PMP) de esden Business School.

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